Colegio Saint Dominic -VIÑA DEL MAR - Región de Valparaíso
Título iniciativa: Abolición a largo plazo del Impuesto al Libro


Hoy, el Impuesto a los Libros es de un 19%. El precio de un texto, de
cualquiera naturaleza, en las librerías de nuestro país bordea entre los 5 y
los 20 mil pesos, lo que implica que aquellas personas que ganan menos de
$300.000 al mes no puedan acceder a este bien cultural.

Por mucho que sean
un bien elástico, los libros permiten a la población mejorar su nivel cultural
y su educación, de ello no hay duda. Sin embargo, el difícil acceso a ellos que
genera el alto impuesto que los afecta, dificulta la adquisición,
principalmente, de los estratos económicos bajos de la sociedad. Esto provoca
una oligárquica repartición del conocimiento, que no solo desvirtúa a la
sociedad en el sentido del reparto poco equitativo del bien intelectual, sino
que además, a la larga, afecta la integridad de las personas, he impide que se
incremente el capital humano de nuestro país.




El actual impuesto
del 19% es el más alto del mundo. En países tales como Brasil, Colombia, Cuba,
Ecuador y Argentina, el porcentaje de impuesto a los libros es de un 0%. Por
otra parte, en países europeos tales como Francia, Alemania, Portugal y Suecia,
dicho gravamen no supera un 8%.




Según el estudio
Chile y los libros, que realizó Fundación La Fuente en conjunto con Adimark, se
obtuvo como resultado que de las personas testeadas el 81, 5% consideran que
los libros en el país son muy caros. Además, una de cada cinco personas
considera que si se eliminara el IVA se sentiría mucho más interesada en
comprar libros. 




En otro estudio
realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas junto al Consejo Nacional
de Cultura sobre el “Consumo Cultural y uso del Tiempo Libre”, se indica que en
un período de tres meses, del sector de estrato económico bajo, un 14,1% de los
consultados había comprado un solo libro, entre un total de 1.142.313
encuestados.




Los porcentajes de
lectura en los chilenos han bajado considerablemente. Hasta 1970, Chile era
junto a Argentina, el país con el más alto índice de lectura de Latinoamérica.
No obstante, desde el gobierno militar en adelante, los índices de esta
actividad han ido decayendo progresivamente. Así lo grafica un estudio
realizado por la UNESCO en el año 2000, donde se explica que entre un 50 y un
57% de la población nacional que se encuentra entre los 15 y 65 años, no era
capaz de entender lo que leía, ni mucho menos sentir la necesidad o el deseo de
tomar un libro y leerlo.




Otro punto de
relevancia a considerar, es el hecho de que no solo la baja de los precios en
los libros debiera estimular la compra y adquisición de los mismos, sino que
dicho cambio debiera ir acompañado de una nueva concepción de esta
importantísima fuente de conocimiento y herramienta educacional. Para ello, se
debieran impulsar políticas escolares que fomenten de forma obligatoria la
lectura diaria, con el fin de mejorar la comprensión lectora y lograr formar
seres más íntegros y cultos.




Sin pasar por alto
el tema del cambio en el presupuesto del país que generaría esta variación
tributaria, se propone como medida una disminución gradual del Impuesto al
Libro y el alza de otras clases de impuestos para compensar dicha variación. En
primer lugar, se debe estudiar las ganancias que se obtienen actualmente
gracias al Impuesto al Libro. Luego, a medida que fuese bajando, ir compensando
con el alza en los impuestos verdes, impuestos a la comida chatarra y al lujo.
¿Por qué? El primero, para intentar regular el consumo de dichos productos
contaminantes para el medio ambiente; el segundo, para prevenir las
enfermedades derivadas del consumo prolongado de comida chatarra tales como la
obesidad e hipertensión, entre otras, y sus mismos derivados; y la tercera
porque, como bien dice su clasificación, los lujos no son bienes de primera
necesidad, mientras que la facilidad de acceso a los libros (que no son lujos),
permite de cierto modo aportar con uno de los derechos básicos de nuestro país:
el derecho a la educación, según el Capítulo III, artículo 19°, inciso 10°,
párrafo 1 de nuestra constitución política.



Tomando en cuenta
lo anteriormente dicho, este mensaje es viable dado que si se lleva a cabo una
buena gestión que permita una eficiente regulación del presupuesto nacional, no
habría mayores inconvenientes. Al contrario,  permitiría una democratización del acceso a la
cultura a lo largo de todo el país.




No debemos olvidar
que es un deber de todos los chilenos el promover la lectura y permitir su
correcto desarrollo, puesto que cuando un país se educa, crece.