Colegio Grace School -PEDRO AGUIRRE CERDA - Región Metropolitana
Título iniciativa: El Divino Desastre de la JEC


La Jornada Escolar Completa (JEC), se planteó con el propósito de crear equidad e igualdad de oportunidades a los alumnos (as) de nuestro país (Eduardo, J, 2009), los objetivos de ésta eran varios, entre ellos, uno de los más importantes: la integración social, la cual sostiene que el alumno (a) desarrolle mayores habilidades intelectuales, sociales y físicas durante el periodo de actividades y talleres que tengan afinidad con dicho individuo. Como lo plantea Juan García-Huidobro, doctor en filosofía y Ex presidente Asesor Presidencial para la educación, en su estudio Jornada escolar completa: la experiencia Chilena, señala: La necesidad de una educación que contribuya a la formación valórica de los ciudadanos, para convivir en una sociedad democrática. (p.2, 2009). La propuesta era ambiciosa, sin embargo, en la ejecución no se llevó a cabo con la planeación con la que se planteaba (OCDE 2004: 290), ya que los establecimientos utilizaron estas horas de integración para fortalecer las asignaturas lógico- racionales, tales como; matemáticas, lenguaje, historia y ciencias. Este es el origen del problema: la mala distribución horaria, es decir, matemáticas a las tres y media de la tarde, luego de ocho horas de clases o filosofía, o cualquier disciplina que requiera concentración, además de la excesiva carga horaria, vale decir, clases lunes a jueves desde ocho a cinco de la tarde, lo cual genera cansancio y desmotivación en los alumnos (as) de enseñanza básica y media de Chile.
El problema del exceso de horas lectivas de los estudiantes de la educación primaria y secundaria chilena se encuentra sustentado en diversos síntomas que presenta el sistema educativo actual, entre los cuales nos encontramos con: descenso de resultados en enseñanza media en la comprensión lectora de acuerdo a los resultados SIMCE, poca variación o impacto en los resultados de la prueba de selección universitaria (PSU), movilizaciones constantes de los escolares exigiendo una mejora en la CALIDAD de la educación, ya que no evidencian ni sienten que más sea sinónimo de mejor. Poco compromiso familiar con las tareas o actividades extra-escolares, ya que la familia también se siente agobiada por las exigencias académicas de los alumnos (as) de enseñanza básica y media, de hecho se esta tramitando un proyecto de ley para abordar este aspecto de la problemática. Finalmente aumento de la depresión juvenil e infantil en la sociedad chilena, dato que va a la par con el aumento en el índice de la delincuencia juvenil.
Por lo anterior, tenemos un sistema educativo al que cada año se le asignan más recursos, pero rinden menos frutos y éstos están muy por debajo de los estándares y aspiraciones con los que se promulgó la jornada escolar completa, por lo mismo, es necesario volver a revisar un aspecto fundamental de la misma, la carga horaria.
La alternativa más viable respecto al problema presentado con respecto a la carga horaria suscitado con la Jornada Escolar Completa es la disminución gradual de la misma, es decir, el primer año se debería modificar la carga horaria en enseñanza básica de 38 a 34 horas, modificando el horario de algunas de las asignaturas que los alumnos en este nivel realizan o eliminando alguna de ella, por ejemplo, en formación artística los alumnos de enseñanza básica tienen dos horas de artes visuales y dos horas de artes musicales, y se podría dejar como opcional una de las dos asignaturas. Posteriormente el año subsiguiente la jornada de enseñanza básica, es decir, desde tercero a octavo básico se reduciría nuevamente de 36 a treinta y cuatro horas, permitiendo a la comunidad ir acomodando sus horarios a este nuevo plan de trabajo.
Se propone nuevamente para esta complementación gradual revisar los programas de estudio vigentes y evaluar el tiempo destinado a cada asignatura para poder eliminar este par de horas.
En el caso de la enseñanza media opera la misma lógica, es decir, reducir en el primer año de implementación la carga horaria de enseñanza media de nuestro país de 42 a 38 horas semanales, revisando la cantidad de horas destinada a cada asignatura, pudiendo por ejemplo pasar de tres a dos horas las asignaturas electivas, de lenguaje, inglés, educación física, matemática, ciencias sociales, biología, química y física, de forma que no afecte la formación integral de los alumnos.
En el segundo año de la implementación de ésta modificación se propone pasar de cuarenta horas semanales a treinta y ocho horas semanales, para ello es necesario suprimir o redistribuir las horas de las asignaturas que los alumnos de enseñanza media cursan. En el caso de la eliminación es necesario evaluar asignaturas como artes, filosofía o religión con el proyecto educacional que tiene el país, para analizar su vigencia y relevancia. Si se optase redistribuir las horas existen asignaturas con tres, cuatro, cinco y seis horas semanales, por lo que habría que eliminar una hora en alguna y una hora en otra.


El artículo 6º inciso B de la ley 19.532, señala la cantidad de horas de aula obligatorias para la educación municipal y para colegios particulares subvencionados de la república de Chile definiendo para los niveles desde 3º básico hasta 8º básico un mínimo de 38 horas semanales y para los niveles desde 1º hasta 4º medio un mínimo de 42 horas semanales, con el propósito de garantizar la calidad e igualdad de la educación en el país.

Así mismo, se considera en este inciso, la distribución del tiempo semanal y el tiempo diario de permanencia de los alumnos en el establecimiento que permita la adecuada alternancia del trabajo escolar con los recreos y su alimentación, y el mayor tiempo que éstos representen, en conformidad a las normas que se señalen en el reglamento. Sin embargo, consideramos en este punto la ausencia total de consideración sobre el desarrollo personal del individuo, ya que esta cantidad de horas de permanencia en el establecimiento limita dramáticamente el tiempo del que dispone el ciudadano chileno en etapa escolar para su desarrollo social, familiar y personal, limitándolo al desarrollo académico.

Se suma a ésta afirmación el problema que se ha venido incorporando a esta temática con las tareas escolares, ya que el ciudadano chileno en etapa escolar, no sólo debe permanecer en el establecimiento un promedio de 7.6 horas diarias en proceso de aprendizaje (en el caso de la enseñanza básica) y un promedio de 8.4 horas diarias en caso de la enseñanza media, sino que además debe destinar al menos una hora adicional en su domicilio para seguir su proceso de aprendizaje.

Lo que prácticamente anula la posibilidad de practicar deportes, realizar actividades sociales o familiares, ya que ese tiempo es inexistente para los cuídanos chilenos en periodo escolar, pues estos deben responder al sistema y priorizar por sobre todos los otros tipos de interacciones la interacción escolar con su aprendizaje.
Los resultados de la medición SIMCE, no muestran ninguna evidencia que sostengan que la cantidad de horas que ha implementado esta ley haga beneficiado los resultados académicos, en relación con la presentación del boletín informativo y su relación con la prueba PISA de los estudiantes chilenos, si se muestra un incremento en la asignatura de matemática y ciencias, pero dice:
Los análisis muestran que existe una asociación positiva entre las notas y los puntajes PISA, sin embargo, las notas de la asignatura no reflejan el mismo nivel de competencias matemáticas en establecimientos de distinta dependencia. Las de los establecimientos particulares, en promedio, se asocian a mayores puntajes PISA de sus alumnos, que las de los establecimientos particulares subvencionados. Y las notas de estos últimos, a su vez, en promedio reflejan mayores competencias matemáticas que las de los establecimientos municipales. En todas las dependencias, las notas de los hombres en Matemática se asocian a mayores puntajes PISA que las de las mujeres.

Lo anterior, se presenta como evidencia, ya que los colegios particulares de nuestro país no están obligados a tener jornada escolar completa y de hecho no la usan, sin embargo, son los que presentan mejores resultados académicos. Esto no hace sino que reforzar la teoría de una necesaria modificación en la carga horaria de los estudiantes de enseñanza primaria y secundaria de nuestro país.
Por último, un tema no abordado aún en las políticas gubernamentales es la creciente deserción escolar: no de los principales nudos críticos del sistema tiene que ver con algunas debilidades institucionales para hacer frente al conjunto de cambios de transición que se verifican en el noveno año de educación obligatoria (1º año de educación media o secundaria). Para un segmento aun importante de la población escolar esta situación incide en el incremento de los factores de riesgo interno que pueden influir en el desenlace de abandono. La revisión de los programas gubernamentales dirigidos a hacer frente a la deserción escolar, refuerzan la impresión de una débil asunción de la problemática y la necesidad, como consecuencia, de retomar una discusión que aborde la deserción escolar desde un punto de vista integral.
La cantidad de horas y exigencias programáticas, limitan sobre todo a los grupos más vulnerables de la población chilena, por lo mismo incrementan la deserción escolar.
Por lo anterior, no sólo se hace necesario sino imprescindible a nueve años de la implementación de la ley 19.532 modificar la cantidad de horas, reduciendo en enseñanza básica su implementación de 38 horas semanales a 34 horas semanales y en enseñanza media, de 42 horas semanales a un máximo de 38 horas semanales.