Deliberantes: beneficios y recomendaciones para una buena gestión

25 Julio 2019

Recoger y organizar ideas, evaluar las evidencias, ver conexiones lógicas, pensar y hablar de forma resumida, hablar de forma convincente y adaptarse, son los consejos más relevantes en un debate escolar.

La deliberación sirve para “reforzar la participación de estudiantes, conscientes de su condición de ciudadanos libres e iguales, en torno a asuntos públicos. Implica integrar a los individuos alrededor de la preocupación por el bien común”, señala un material de apoyo para el Torneo Delibera hecho por la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN). Incluso algunos afirman que la deliberación democrática se constituye en el elemento central de un diálogo intercultural propiamente dicho.

Para lograr una verdadera deliberación “es fundamental formar estudiantes críticos, conscientes de la diversidad pero, a la vez, también de las condiciones de inequidad y desigualdad que marcan las relaciones socioculturales en nuestro país; conscientes de las relaciones de poder y cómo éstas están presentes en todas las relaciones e influyen en el bien común. Sólo a partir de la comprensión de estas complejas relaciones se logrará apuntar a un verdadero diálogo”, destaca el documento. Implica desarrollar actitudes que lleven a ejercer la ciudadanía sobre la base de pactos inclusivos para construir consensos que apunten a la defensa de la diversidad.

¿Qué significa ser competente en la deliberación?

Las competencias son las capacidades con diferentes conocimientos, habilidades, pensamientos, carácter y valores de manera integral en las diferentes interacciones que tienen los seres humanos para la vida en el ámbito personal, social y laboral. Además son las destrezas que desarrolla una persona para comprender, transformar y practicar en el mundo en el que se desenvuelve.

Según el texto de la BCN, “ser competente en la deliberación supone el dominio de conocimientos, habilidades cognitivas, capacidades sociales, herramientas cognitivas y cualidades personales específicas que permitan a los estudiantes razonar y argumentar para llegar a puntos de encuentro y acuerdos sobre diversos asuntos públicos. Esta competencia o saber actuar, como todas las demás, se expresa y demuestra de manera integral, y, por lo tanto, debe desarrollarse de manera sostenida a lo largo del tiempo”. Esto quiere decir que no se puede pretender que nuestros estudiantes de secundaria deliberen sobre asuntos públicos si no se propone desarrollar esta capacidad desde que inician la escuela.

Por su parte, la Fundación Educativa Activa-T de España, que busca promover la educación y la formación integral acercando los conceptos aprendidos en el aula a la realidad que viven los estudiantes mediante la educación deliberativa y el aprendizaje en base a proyectos, manifiesta que la práctica del debate en el contexto académico también contribuye a desarrollar las habilidades sociales de los y las estudiantes, rescatando las siguientes competencias:

  1. Desarrollo del Pensamiento: Sus objetivos están orientados al conocimiento y comprensión de la realidad y a favorecer el desarrollo de la capacidad analítica, investigadora, crítica y propositiva frente a problemas o situaciones nuevas que se puedan presentar. En este sentido, el debate favorece el desarrollo de competencias argumentativas vinculadas a la capacidad de exponer ideas, opiniones, sentimientos, convicciones y experiencias de una manera coherente y con fundamento gracias al uso de diversas y variadas formas de expresión.
  2. Formación Ética: Este ámbito favorece el desarrollo del juicio moral, contribuyendo de esta manera a que los estudiantes incorporen la ética y la moralidad en el análisis de la realidad. El debate promueve el desarrollo de las Competencias Morales a partir de la aceptación y validación de la diversidad de ideas, respetando y valorando las ideas propias y las de los demás y reconociendo el diálogo como el medio para legitimar la humanidad de cada persona.
  3. Crecimiento y Autoafirmación Personal: Este aspecto contribuye al desarrollo de la identidad personal y social y al fortalecimiento de la autoestima y autoconfianza. En este sentido, debatir permite fortalecer la autoestima, la confianza en uno mismo, y el interés por comunicarse con otras personas defendiendo puntos de vista personales. Además, el debate como experiencia comunicativa se fundamenta en la interrelación respetuosa con otras personas. Este modo de interacción supone valorar la sociedad como una dimensión esencial del crecimiento de la persona, como una manera de formarse en el ejercicio de la convivencia con otros, donde se aprende a respetar y valorar los deberes y derechos personales que demanda la vida en sociedad, especialmente de la vida democrática.

Consejos para un debate escolar

En complemento, la Fundación Educativa Activa-T recalca que el debate como herramienta educativa “contribuye a preparar a los participantes para dirimir conflictos de manera más eficaz, mejorando su capacidad crítica, es decir, sus habilidades para construir y analizar argumentos y para compartir sus ideas con los demás”.

De esta forma, agrega, “el ejercicio del debate nos invita a ponernos en el lugar del otro, lo que posibilita su entendimiento y el reconocimiento de sus razones. Es esa empatía la que favorece la tolerancia, el reconocimiento y la comprensión del otro”.

Según la misma fundación, las principales habilidades que debieran seguir los estudiantes en un debate son:

  • Recoger y organizar ideas. Un buen debatiente puede absorber mucho material y seleccionar los ítems para el debate en cuestión.
  • Evaluar las evidencias. La habilidad de identificar las evidencias más importantes es el distintivo de un orador inteligente. No todas las frases, estadísticas o ideas de un debate merecen ser refutadas.
  • Ver conexiones lógicas. Aristóteles dijo una vez que la habilidad de ver las semejanzas entre cosas diferentes es el distintivo de un genio. La gran cantidad de información presentada durante muchos de los debates genera confusión entre quienes escuchan. Por ello, los oradores que pueden relacionar temas ayudan a clarificar el debate para la audiencia, a aumentar sus probabilidades de éxito.
  • Pensar y hablar de forma resumida. La claridad es esencia en un debate, donde el intercambio de ideas puede confundir a la audiencia. Los debatientes deben tener no sólo una idea clara sobre su caso sino también la habilidad de comunicar esa idea a la audiencia.
  • Hablar de forma convincente. Ser consciente de lo que la audiencia espera, lo que supone convencer a esa audiencia en particular, es esencial, tanto en el debate como en otras formas de oratoria.
  • Adaptarse. Dado que el debate es una situación fluida, en constante cambio a medida que las nuevas ideas son introducidas por los distintos oradores, es muy importante estar preparado para responder. En la práctica, esta preparación implica que no sólo debes ser organizado, lógico, analítico y con capacidad para convencer, sino que también debes reaccionar rápido a las nuevas ideas que puedan surgir.

 


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